Vietnam
En noviembre de 2022 pudimos disfrutar de un periodo especial de vacaciones de un mes, matrimonio mediante, así que buscamos un lugar lejano y acabamos encontrando Vietnam y Camboya. Elegimos estos dos países por su combinación de paisajes e historia y la verdad es que nos sorprendieron. Bendita banalidad occidental.
Empezamos el viaje en el norte de Vietnam, aterrizando en Hanoi. Piensas que has conocido el bullicio de las calles cuando has andado por Nápoles o conducido por Marruecos y luego descubres Vietnam. Es mucho peor, pero dentro del caos que supone la loca circulación de ciclomotores por todas las direcciones, no es tan difícil cruzar. Es poner el pie en la calzada y ellos te esquivan, sin pitadas ni aspavientos. Hanoi tiene algún templo que visitar y sobre todo sorprende el mausoleo de Ho Chi Min, el líder comunista que veneran en el país… sobre todo en el norte. El respeto que muestran ante Ho Chi Min es sorprendente e irreproducible: es el único sitio donde está prohibido entrar con cámaras fotográficas.


De Hanoi pasamos a la zona montañosa de Sapa, conocida por sus famosos cultivos de arrozales en bancales, testigos de un método de cultivo tradicional que en nuestras latitudes desapareció hace 75 años por sus paupérrimos rendimientos “son testigos del hambre”, dice un amigo. En estas montañas habitan minorías étnicas que reciben al turista con sus trajes tradicionales, llenos de colores, y algunos tejidos y regalos que vender. Conseguimos alojamiento en un hotel rural, bastante cómodo, y contratamos dos excursiones a pie por la zona. Paseamos entre los bancales, en ese mes sin arroz y cubiertos por agua. No pudimos disfrutar del dorado del arroz cuando está a punto de ser cosechado, pero vimos los bancales inundados, con sus bonitos reflejos, y con los búfalos de agua chapoteando entre ellas. En verano están recluidos en sus granjas para que no chafen los cultivos. Es bonito pero es un entorno agrícola muy humanizado y con zonas un poco descuidadas. No obstante, con ojo y con teleobjetivo, se pueden encontrar fotografías preciosas.







No suelo manipular mis fotografías, quitando elementos para hacerlas más bonitas, pero si lo hago suelo decirlo. Aquí podéis ver un ejemplo de cómo podría ser y de cómo es. Nos encontramos ante una zona de producción agrícola tradicional en transición hacia una zona industrial y esto es lo que hay. Muchas de esas fotografías que vemos de los arrozales o bien están manipuladas o bien son de otra época. El progreso, con sus plásticos y asfaltos, se abre paso irremediablemente.


El siguiente paso fue la bahía de Lan Ha, prima de la bahía de Halong. Al parecer Lan Ha está menos industrializada que Halong, más famosa y cercana a Hanoi, lo que ha favorecido su conversión en un aparcamiento de party-boats. Lan Ha es un paisaje kárstico de película que combina vegetación tropical, mogotes y un mar en calma que da gusto. Las fotografías están realizadas desde el barco, en movimiento, lo que impide hacer uso del trípode.




El siguiente paso fue Ninh Binh, otro paisaje kárstico vietnamita, en esta ocasión de interior y fluvial, mucha agua por todas partes. El agua es algo que ya vimos que nos iba a acompañar a lo largo de este viaje, cosa que sorprende a gente como nosotros que venimos del desierto de Zaragoza. También tuvimos la ocasión de visitar algunos templos, situados en algunas de las zonas más bonitas de este paisaje kárstico.



Uno de los días pudimos dedicarlo a uno de los pocos parques nacionales que hay en el país, cuyo origen se sitúa en el colonialismo francés. Este parque conserva una selva intacta por la que poder pasear, fascinándote con la vegetación que lo invade todo. A la vuelta, aprovechando el atardecer, encontramos algún templo por el camino.





De allí marchamos a Hoi An, una antigua ciudad portuaria que en el siglo XVI acogió a una primera colonia de comerciantes japoneses, chinos, franceses y españoles que se asentaron para hacer fortuna con los primeros pasos de la globalización. Hoy conserva algunas de estas casas tradicionales chinas, japonesas y vietnamitas, principalmente de madera. Lamentablemente los turistas nos hemos apoderado de la ciudad y como en muchas otras ciudades patrimonio de la UNESCO, los locales tienen que huir.


Un tren de casi 12 horas nos condujo hasta la gran ciudad Ho Chi Min. Mucho más capitalista que su hermana del norte Hanoi y mucho más industrial. Visitamos los túneles de Cu Chi, una especie de museo – parque de atracciones del Viet Cong, que merece la pena conocer. Resultaba curioso como en el mismo campamento base del Viet Cong los americanos eran bien recibidos. ¿Pero no se supone que era el enemigo?. Hablando con ellos se aclara los extraños amigos que hace la geopolítica. Desde el punto de vista vietnamita los americanos fueron derrotados, pero no su gran rival histórico que es China. El imperio chino sigue expandiéndose por el gran mar de China Meridional, amenazando y arrebatando territorios a Vietnam y a todos los países de la zona. Para Vietnam la gran amenaza es China y los americanos unos socios comerciales y militares interesantes. También realizamos un viaje por el delta del Mekong sin apenas interés. Otra vez un entorno más industrializado y degradado de lo que nos hubiera gustado ver, pero qué le vamos a hacer, es el progreso amigo.



Fotografías realizadas entre octubre y noviembre de 2022. Texto publicado en 2025.
