Mallorca en analógico
Cuando se viaja a Mallorca lo que esperas es confirmar el terrible monstruo de la turistificación y masificación que sufre la isla y sus habitantes… y para nuestra fortuna y sorpresa pudimos ver otra cara de la isla.
Bien es verdad que las fechas en las que solemos viajar nada tienen que ver con las fechas en las que se produce el desembarco masivo de otras personas turistas. Nosotros intentamos viajar a principios de junio, cuando además de poca gente esperamos encontrar poco calor, siendo esto último cada vez más importante. Otras oportunidades directamente te las encuentras. Es el caso de la capital, Palma, que más que elección fue destino. A la capital llegamos muy pronto, tan pronto que ni estaban los bares abiertos, así que mientras esperábamos que se abriesen hicimos algunas fotografías al amancer, solos. Y que mejor sitio que pasarlo frente a la catedral.
También está la selección de lo que visitas. Somos de gustos raros. Las ruinas, el monte, los parques naturales… eso es lo que nos llama la atención, y en Mallorca tienes de sobra.
Quizás donde más gente encontramos fue en los pueblos típicos, que siendo pequeños como son el agobio se siente fuerte y pronto. Pero la fotografía a veces te ofrece una buena excusa para escapar. Ese fue el caso de Valldemossa, uno de esos pueblos que aparece en cualquier listado de influencers. Después de recorrer las dos calles céntricas nos echamos a andar hacia un mirador que había localizado al lado de la carretera, nada romántico. Pero por el camino descubrimos una sesión de fotos de una boda, gatos callejeros y portales maravillosos (y vacíos).
Soller sí estaba a reventar de gente y esta fotografía que pongo aquí, ya lo aviso, he quitado a gente de en frente de la iglesia. Normalmente no elimino a nadie y si lo hago lo cuento, y este es el caso. No había manera.
Y donde solo nos encontramos con las cabras fue en la increíble ruta de montaña del Torrent de Pareis. Una ruta que arranca bajo un bosque meditarraneo donde la encina hace presencia, para dejar hueco poco a poco al algarrobo, el olivo y el almendro, hasta que el suelo y la falta de lluvia lo impide y solo hay arbustos.
Otro pueblo por el que paseamos a gusto fue Alcudia, cuyas murallas ofrecen una perspectiva muy interesante para cualquier fotógrafo. En realidad esta ciudad la visitamos por parque arqueológico que la rodea, pero estaba cerrado por obras, así que nos conformamos y muy a gusto con la ciudad nueva.
Y hablando de ruinas no hay mejores que esta Necrópolis de Son Real. Construida cerca del mar en el s. VII a.C., el cambio climático ha ido acercando el mar cada vez más al yacimiento, siendo ya pasto de temporales. Le queda poco a esta necrópolis para ser engullida y desaparecer para siempre.
Y nos quedan las playas, porque si uno va a Mallorca tiene que visitar las playas. Ahí también uno puede elegir, entre las de fácil acceso, aparcamiento y chiriguinto o las que exigen andar y pelearse con gaviotas. Obviamente vamos a estas últimas, sobre todo a aquellas que están dentro de parques naturales o reservas, que las ahí y bastantes para mi sorpresa.
Un último oasis lo encontramos en la finca Raixa, una de estas grandes propiedades agrícolas donde algunos nobles ilustrados se esforzaron en construir bonito. Visita gratuita y muy enriquecedora, a tiro de piedra de Palma.
Por cierto, todas las fotografías son analógicas, con carrete Kodak Potra 400, reveladas en Revelab. Salvo una, la del amanecer en Palma, que fue echa con el teléfono móvil.





























